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MeToo también ha sacudido universidades en Portugal.

Recientes incidentes de acoso sexual en universidades portuguesas han enfurecido a los estudiantes, quienes exigen acciones inmediatas para acabar con lo que llaman “miedo e impunidad” en las aulas. Varias encuestas realizadas en las principales universidades del país en los últimos meses han revelado cientos de testimonios de estudiantes que alegan abuso de poder por parte de los maestros. Otros actos de racismo, homofobia y discriminación se encuentran entre los abusos, además de casos de acoso sexual.

Las quejas más recientes se descubrieron esta semana en un estudio realizado por el Instituto Técnico de Lisboa (IST) y publicado en la revista el sábado. Según el informe, casi un centenar de estudiantes y alumnas afirman haber sufrido acoso sexual en el aula, mientras que más de 300 afirman haber sido víctimas de otras formas de violencia psicológica. Algunas cifras han llevado a la dirección del IST, con sede en la Universidad de Lisboa (UL), a emitir un comunicado expresando “tolerancia cero para las actitudes agresivas, excluyentes o discriminatorias” y alentar a los estudiantes que han experimentado situaciones similares a compartir sus experiencias.

miedo e impotencia

El escándalo IST no es el único que ha sacudido a la Universidad de Lisboa. El periódico informó a principios de abril que más de treinta profesores de la Facultad de Derecho, el 10% del total, habían sido señalados por unos 50 estudiantes que testificaron en el transcurso de 11 días a fines de marzo. La mitad de las quejas fueron sobre acoso sexual, y se agregaron a otras investigaciones en la misma facultad, incluida una que involucraba a una profesora veterana que envió mensajes inapropiados a sus estudiantes a través de las redes sociales a altas horas de la noche.

Según Érica Rodrigues, estudiante de UL y miembro del Movimiento contra el Acoso, que se fundó en enero de este año para protestar contra el abuso de poder de los maestros, es poco probable que la situación cambie en el futuro cercano. Rodrigues afirma que la impunidad de los docentes es común en los entornos universitarios y lamenta la falta de canales de comunicación que permitan a los estudiantes presentar denuncias sin temor a represalias. “No existen mecanismos de quejas y nadie que pueda ayudarnos a garantizar nuestro anonimato y que nuestro testimonio se maneje adecuadamente”. Los estudiantes afectados, según el estudiante, tienen sentimientos de impotencia. “No podemos hacer nada porque sabemos que el profesor siempre estará protegido por la institución”.

Respuesta institucional

La mayoría de las universidades portuguesas tienen un gabinete pedagógico, y algunas tienen un abogado de estudiantes, que se encarga de recoger todo tipo de quejas, desde académicas hasta personales. En respuesta a la demanda de los estudiantes, la Facultad de Derecho de la Universidad de Louisville ha establecido un nuevo servicio dedicado únicamente a la atención y acompañamiento de las víctimas de acoso que necesitan asistencia con su caso. Según el claustro, el equipo, que incluye abogados y psicólogos, actuará con total independencia y confidencialidad.

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En el caso del IST, los líderes del centro dijeron en un comunicado que “se han reforzado todos los medios de acción en temas éticos”, pero no entraron en detalles sobre medidas específicas. Todos los casos denunciados deben desencadenar un proceso de investigación o disciplinario, según la institución. Otras universidades, como la de Minho, en el norte del país, han lanzado recientemente servicios psicológicos para víctimas de acoso sexual por parte del personal universitario.

pocas garantías

A pesar de las reacciones de las instituciones educativas, los estudiantes sostienen que las medidas actuales son insuficientes. La disposición de la institución para solucionar el problema ha sido cuestionada aún más por la apertura de un proceso disciplinario contra uno de los profesores de la Facultad de Derecho de la UL, quien denunció supuestas presiones de otros profesores para impedir que los estudiantes cuenten sus historias públicamente. “Pudieron iniciar un caso contra él”. Si esto le sucede a un maestro, Rodrigues asegura que la reacción de los estudiantes será aún peor. Este periódico se ha puesto en contacto con la facultad, pero no se ha recibido respuesta hasta el final de esta edición.

Oliver Barker

Nació en Bristol y se crió en Southampton. Tiene una licenciatura en Contabilidad y Economía y una maestría en Finanzas y Economía de la Universidad de Southampton. Tiene 34 años y vive en Midanbury, Southampton.

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