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El artículo de Joan Tapia, “La inversión en Cataluña: ¿Un Estado silencioso?”

Las inversiones del Estado en Cataluña, que siempre son inferiores al 16% o al 19% del total, según la población o el PIB, son desde hace tiempo motivo de resentimiento entre la sociedad civil catalana y los partidos políticos y el Gobierno español.

Las cosas parecían estar cambiando ahora, con el gobierno de Sánchez y algunos presupuestos aprobados por ERC. Eso era cierto en teoría. Cataluña recibió 2.068 millones de inversión regionalizable de los Presupuestos de 2021, más que Andalucía, la comunidad más poblada, y Madrid juntos. Sin embargo, las cifras de Intervención General del Estado (Ministerio de Hacienda) estaban frías como un jarro de agua. Solo se han ejecutado 739, el 35,8%, de los 2.068 millones previstos, frente al 67,1% en toda España. ¡Está hasta el 184% en Madrid! Isabel Ayuso es la favorita de Pedro Sánchez.

Que Cataluña esté sólo por detrás de Madrid y Andalucía en inversión no es ni un consuelo. Estas cifras, según James Giro, la voz más pragmática de la rebelde JxCat, “justifican al propio Estado”. Quizá, pero el independentismo lo prometió en 2017, por lo que el lapsus no es insignificante. La ANC ahora lo promete para 2025, no el gobierno. Las cifras, según Patricia Plaja, portavoz del Gobierno, muestran el desprecio del Gobierno español por los catalanes.

Pаtrcia Plаjа tendrá razón si el Gobierno de Sánchez “no sabe, no responde”. Las obligaciones deben cumplirse, y si no lo son, debe proporcionarse una explicación completa y pública. Una de las principales responsabilidades de los ministerios de inversión en Madrid o de la delegación del Gobierno en Cataluña debería ser el seguimiento y comunicación de estas inversiones.

El gobierno está obligado a responder. Para muchos catalanes, nacionalistas y no nacionalistas, esto es tan importante, si no más, que escuchar al CNI. Y, sin explicación, la enemistad entre sectores relevantes catalanes -no solo políticos- y el gobierno español seguirá contaminándolo todo. No hacia la independencia, que el 71% de los catalanes dice que no es una prioridad, según una encuesta reciente, sino hacia el pantano rocoso del debate interminable y la inacción esterilizante.

Hay, sin embargo, algunos puntos a tener en cuenta. Las inversiones de las empresas estatales no son cifras cerradas, sino proyectos que pueden no completarse por diversas razones. Los mismos ferrocarriles catalanes, que están bajo el control de la Generalitat, han completado menos del 50% de sus inversiones. Otras veces, debido a la fuerte oposición de varios grupos de población, las inversiones planificadas se retrasan o incluso se detienen. Este no es el caso; sin embargo, debido a la oposición del alcalde Colau y del ‘presidente’ Aragonès, no se realizarán grandes inversiones para ampliar el aeropuerto de Barcelona.

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Aún hay más por descubrir. Renfe ha adjudicado a Alstom un contrato por valor de 1.500 millones de euros para la construcción de trenes en su planta de Santa Perpètu, que da servicio a varias empresas auxiliares. Eso sí, no se pueden regionalizar en Cataluña porque circularán por toda España. Lo grotesco es que parece que Renfe no ha podido completar la inversión de casi 300 millones de dólares en líneas de cercanías catalanas porque la Generalitat no ha presentado una solicitud oficial, lo que significa que Renfe no podrá obtener financiación del Banco Europeo de Inversiones.

Sobre el futuro de Renfe en Cataluña, Estado y Generalitat están enfrentados. Mientras tanto, los catalanes están sin huevo (trenes) mientras discuten jurisdicción. ¿Es un certificado de regalo?

Oliver Barker

Nació en Bristol y se crió en Southampton. Tiene una licenciatura en Contabilidad y Economía y una maestría en Finanzas y Economía de la Universidad de Southampton. Tiene 34 años y vive en Midanbury, Southampton.

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