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Artículo de Juan José Millás sobre Magnesio y Colágeno

Tengo dolor de rodilla, y el Papa también. La derecha para el Papa, la izquierda para mí. Escucho hablar del Sumo Pontífice por la radio mientras camino por el parque con una leve cojera, sonriendo ante la coincidencia que ha unido a dos personas de lugares tan distintos. Entonces me imagino que hay mucha gente en el mundo que tiene dolor en las articulaciones: franceses, ingleses, alemanes, suecos, finlandeses… Distintos lenguajes y creencias, pero el mismo dolor.

Mi rodilla duele.

Je mal au genou.

‘Mi rodilla duele’.

Etc.

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En esperanto, no tengo palabras. Le preguntaría a mi padre, que hablaba con fluidez este idioma universal, pero falleció hace muchos años. Mi padre predijo que el esperanto ganaría, pero el dolor de rodilla triunfó. A veces dejamos de nombrar cosas con la esperanza de que desaparezcan, pero permanecen, doliendo, doliendo. No es sorprendente que el heor con la menor cantidad de nombres cause el mayor daño. El inconsciente, que es una caja de hormigón con poros por donde sale la verdad a presión, traduciéndose en malestares corporales para los que no existe medicina conocida, es lo que menos se habla. Somatización es el término para esto.

El problema con las rodillas de Francisco, por otro lado, es el desgaste y la edad. Si el Papa leyera estas palabras, le aconsejaría consumir magnesio, un elemento químico de símbolo Mg y número atómico 12. Ana Marа Lajusticia, una científica de 97 años que llevó un corsé incrustado de varillas durante 21 años , lo puso de moda entre nosotros. Ella pudo deshacerse de él gracias a la ingesta de magnesio, que él promovió en su libro “El magnesio, la clave de la salud”, que se publicó en 1979 y ha sido traducido a varios idiomas. Lo mejor, en mi opinión, es combinar magnesio con colágeno, una proteína que representa el 25% de las proteínas que se encuentran en los mamíferos. Todo esto lo digo un poco ingenuo porque no sé mucho de química ni de física, pero las pastillas de Ana María Lajusticia me funcionan, quizás porque creo en ellas tanto como el Papa Francisco cree en Dios. Estoy empezando a creer que Dios es un placebo.

Oliver Barker

Nació en Bristol y se crió en Southampton. Tiene una licenciatura en Contabilidad y Economía y una maestría en Finanzas y Economía de la Universidad de Southampton. Tiene 34 años y vive en Midanbury, Southampton.

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